Conflictos y Mediaciones

"El conflicto es un signo de que existen verdades mas amplias y perspectivas mas bellas"
A.N. Whitehead

Los diferentes conflictos que se plantean en la vida de todo ser humano, tanto en el plano familiar como laboral, en las relaciones interpersonales y en las organizaciones a las que pertenece, hace que sea necesaria la implementación de un abordaje que le permita enfrentar esta problemática. Pero dado que esto es sumamente complejo, se intenta elaborar una estrategia para que este período conflictivo desemboque en soluciones concretas.

Para lograrlo, la mediación es un método que se centra en lo positivo, trabajando la comunicación de las partes, respetando los puntos de vista del otro y enfatizando lo positivo, por lo que es muy importante reflexionar para poder co-construir las correcciones adecuadas.

En este sentido, el registro de las emociones es fundamental y el psicólogo ejerce ese rol como mediador, dado que puede manejar hábilmente la empatía, la escucha activa y la comunicación. La interacción entre el profesional y los consultantes está basada en lo que cada uno desea, en lo que quiere, y por lo tanto el punto de partida debe ser la aceptación de la responsabilidad que cada uno tiene en el conflicto para encontrar salidas acordes a esta problemática. Las partes deben resolver las diferencias libremente, empleando el proceso de la negociación y teniendo como objetivo un equilibrio óptimo, fundamentado en el respeto personal.

Todo proceso de cambio implica miedo a lo que no conocemos, a lo que hay que enfrentar, a cómo seremos capaces de hacerlo. Un buen ejemplo podemos hallarlo en el modo en que encaramos algo tan simple como una mudanza. Eso, que debería ser algo positivo, esperado, tal vez porque nos mudamos a una vivienda más grande, más cómoda, a un lugar soñado durante mucho tiempo, sin embargo acarrea el temor a lo que no nos es familiar y nos lleva a sentir malestar, angustia, y es la causa de discusiones, peleas y tal vez distanciamientos con aquellas personas que también fueron parte del proyecto de cambio.

Tal vez sea algo que desestabiliza el equilibrio que teníamos y de allí surge la necesidad de contar con alguien experimentado, que sepa cómo ayudar desde un lugar óptimo, estableciendo una alianza con el consultante que permita llegar a soluciones pragmáticas. Este es el lugar del profesional que va a mediar entre las personas en conflicto, conduciendo el proceso de entendimiento, creando un espacio neutral para poder hablar de cómo reconocer, reformular y resolver el conflicto. El temor al cambio que implica tener un espacio distinto de vivienda se vive como conflictivo, y en lugar de ser percibido como algo positivo se lo siente como desequilibrante.

Si no nos entendemos con los otros o malentendemos la mirada que podemos tener frente a lo desconocido, no sólo se dificulta nuestro crecimiento personal sino que impide tener una visión diferente de las distintas dificultades que se nos presentan a lo largo de la vida. Ésa es justamente la tarea: saber hacerle frente para llegar al proceso indicado.

Muchas veces pensamos que el conflicto es siempre algo negativo, y de algún modo tendemos a evitarlo. Pensemos en el ámbito laboral, donde los conflictos son algo natural, ya que es inevitable que tales situaciones aparezcan en toda relación humana. ¿Por qué no pensar, entonces, que es imprescindible y beneficioso para que un grupo de trabajo pueda desarrollarse? La interacción entre los miembros de un grupo estático requiere el empleo de la estimulación, motivar para dar respuestas y a la vez propiciar el cambio.

De esta manera, el terapeuta ejerce un rol de cooperación activa frente a las necesidades de los consultantes, quienes necesitan de su acompañamiento y consejo para lograr que sea posible visualizar caminos de autocrítica, aparezca la creatividad y se obtengan resultados positivos. La función principal del psicólogo es comunicar adecuadamente las posibles soluciones, conduciendo al consultante a desarrollar estrategias para la resolución de los conflictos, focalizándose, en primer lugar, en la ayuda adecuada para reconocer el conflicto, aceptarlo y cooperar en la solución del mismo a través de una búsqueda constructiva, aportando a la vez la convicción de que se puede cambiar asumiendo una actitud participativa, y tratando de aportar recursos y herramientas en tiempo y forma.

Dilatar la resolución puede producir irreversibilidad. No olvidemos nunca el contexto real en el que se desarrolla el conflicto. Es aquí donde el psicólogo debe intervenir, asistiendo a las partes en la situación problemática, facilitando la toma de decisiones, escuchando activamente y utilizando un lenguaje neutral, sin perder de vista la objetividad que equilibra las diferencias que se presentan.

Debemos entender el conflicto como tal, ya sea en el plano emocional, psicológico, económico, intelectual, y que siempre se puede negociar para llegar a acuerdos, mediando entre las partes, dando elementos que generen cambios, descubriendo los recursos que cada uno tiene, enseñándoles a activarlos, reformulando la visión de los hechos y dándoles la posibilidad de mirarlos de otra manera.

Licenciada M. Mabel Sgriniero
Psicóloga